Pasa más de lo que parece: el negocio quiere cambiar algo en su web y descubre que el dominio está a nombre del programador, que ya no contesta. O que nadie tiene la clave del hosting. O que la app está publicada en una cuenta que no es suya.
Se evita pidiendo unas pocas cosas al terminar.
El dominio, a tu nombre
El dominio es la dirección de tu web. Tiene que estar registrado a nombre del negocio, con un correo al que tengas acceso. Si lo pierdes, pierdes la dirección que conocen tus clientes.
El hosting y los paneles
Usuario y contraseña del hosting, del panel de la web y de cualquier servicio conectado: correo, pasarela de pago, analítica. Si la web es WordPress, un usuario administrador propio, no el del programador.
El código
El código fuente completo, en un repositorio o un archivo que puedas guardar. Si mañana otra persona tiene que seguir el trabajo, empieza por ahí.
Las cuentas de las apps
Si hay una app, tiene que estar publicada en la cuenta de desarrollador de Google Play y de App Store del negocio. Mover una app de una cuenta a otra después es un trámite que nadie quiere hacer.
Saber usarlo
Una explicación de cómo cambiar lo básico: un texto, una foto, un precio. Y saber a quién llamar si algo falla, aunque sea otra persona.
Cómo lo hago yo
Al terminar entrego el código, los accesos al hosting, al dominio y a los paneles. No dependes de mí para seguir. Si quieres, sigo con el mantenimiento, pero es una opción, no una condición.
Si ya tienes una web o una app y no sabes bien qué tienes, se puede revisar. Te digo qué hay, qué falta y qué conviene antes de proponerte hacer algo nuevo. Ver webs y sistemas a medida y aplicaciones móviles.
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