No hace falta llegar con un documento de cuarenta páginas ni con la tecnología ya elegida. Hace falta saber qué tiene que pasar cuando alguien usa lo que vamos a hacer.
Estas son las cuatro cosas que más acortan el encargo.
Qué tiene que poder hacer alguien
No «queremos una web moderna». Mejor: la persona entra, entiende el servicio y pide una cita. O el equipo carga un pedido, lo sigue y lo cierra. Si eso se puede decir en pocas frases, el proyecto ya tiene forma.
Quién lo va a usar
No es lo mismo una portada para quien llega de fuera que una pantalla para quien trabaja dentro del negocio todos los días. Si hay varios roles, conviene decirlo: cliente, vendedor, administrador. Cada uno ve cosas distintas.
Qué existe ya
Una web vieja, una tienda, una app, una hoja de cálculo que hoy hace de sistema. Traer eso evita rehacer lo que ya funciona. En Misca Studio, en Girona, no había que inventar el estudio: había que quitarle peso a la portada y dejar el contacto a mano. El vídeo de fondo pasó de unos 24 MB a unos 3,6 MB.
Cómo se sabe que quedó listo
Una frase alcanza: «una persona puede pedir cita desde el celular» o «el equipo cierra un pedido sin salir del sistema». Sin eso, el proyecto se estira porque nadie comparte el mismo final.
Con eso se puede hablar de webs y sistemas a medida sin empezar por la herramienta. Si el encargo encaja mejor en una tienda o en un módulo concreto, se dice en la conversación. No es el punto de partida.
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